miércoles, 28 de mayo de 2014

NZ. Otago Central Railway Trail. (Parte II).


Las dos o tres cosas mas "llamativas" de los 150 km de recorrido del Otago Central Railway Trail eran, un gran puente (tipo Eiffel) con bastante altura, y un túnel. Ambos prácticamente con la anchura de un tren, poco más.
Al parecer, el túnel nos lo saltamos al no poder hacer enteros los 50 primeros kms. pero el puente deberíamos de verlo en esta etapa.
Y ahí lo vimos! Tal y como sucede después de haber subido un pequeño "puertecito" entre las rocas de las montañas, allí estábamos a punto de cruzar ese puente, con estructura de hierro, en el que habían dejado las maderas de la antigua vía, rellenando los espacios con otras maderas más nuevas. Con una anchura de unos 2 metros y medio y una altura de unos 30.
Un rato allí quietos en el medio del mismo, en silencio, viendo y oyendo a las diferentes aves volando sobre nosotros, extrañadas con nuestra presencia. Fue un momento especial recordando ese tren pasando por allí...

Y parecía que no era nada la cuestecita...

Y llegamos al famoso puente.


Pero lo realmente bueno fue que, poco tiempo después, entre tanta montaña dónde nos encontrábamos, nos topamos de frente con esa oscura entrada al túnel, (que se suponía no nos íbamos a encontrar ya!).
Nos paramos en la entrada a leer el cartel que había con la distancia del mismo, 200 metros... Ahí nos acordamos de las linternas que ponía el folleto de llevarnos y que, por cierto, no habíamos cogido...
Lo bueno, es que muy al fondo se veía un punto de luz con la salida... esa iba a ser la única luz que tendríamos... así que nos entró una risa (de miedo mas que nada) y continuamos...
Imaginaros la sensación que es entrar a algo tan oscuro, viniendo de tanta claridad, por lo que los ojos tardan en acostumbrarse a tanta oscuridad... y que no terminan de acostumbrarse, ya que es tan oscuro que aun viendo a lo lejos la salida, no hay pizca de luz.
Lo único que se notaba era como el suelo tenia una pequeña inclinación hacia la derecha, lo cual te hacia avanzar de una manera extraña, junto con el suelo con algún que otro pequeño bache inesperado... Lo único en lo que pensábamos era llegar a ese punto de luz que nos guiaba hasta la salida,y que por cierto, no iluminaba en absoluto nuestro camino.


Entrada al túnel con un punto de luz al final del mismo.


Pero la sorpresa fue aun mayor, cuando poco después nos topamos con un segundo puente. 230 metros de longitud, leímos en otra placa. Pero... esta vez, debía estar en curva porque no se veía la salida!.
Ahí me acorde de mi móvil y su linterna que tanto nos iluminó en las noches de regreso a la granja tras la escuela en Laos. Pero os digo, tras los 10 primeros metros, no se veía absolutamente nada!. Ni con la linterna podían nuestros ojos acostumbrarse a tanta oscuridad. Y esta vez no teníamos un punto de referencia de a donde tirar porque tras metros recorridos, seguíamos sin ver la luz. Ni un misero reflectante. Tal y como hacen los murciélagos, sabíamos donde estábamos el uno del otro por la voz.
Lo único que empezábamos a ver era, la poca luz de la linterna apuntando hacia el suelo, porque hacia adelante no tenia ningún efecto.
Una sensación de lo mas... acojonante (en todos su significados) fue lo que pasamos en ese túnel. Moviéndonos despacio, pero sin parar ... hasta que a lo lejos, empezamos a vislumbrar un punto de luz. Ahí fue cuando percibimos la curva que formaba el túnel. Con cuidado íbamos avanzando hasta el final. Hasta que por fin salimos.... y tras salir, nos echamos a reír.
Lo que nos preguntábamos era, qué pasaría en los meses de verano, cuando más concurrido esta el camino, con ciclistas pedaleando en ambas direcciones... debía ser "gracioso" encontrarte de frente con alguien... completamente a oscuras...



Unos 8 km más y llegaríamos por fin a nuestro destino en esta etapa, el pueblo de Lauder. El puente y los túneles habían hecho olvidarnos un rato del cansancio acumulado, pero tras ello, nos dimos cuenta de los dolores de culo y piernas que teníamos. Necesitábamos llegar cuanto antes además, porque el sol empezaba a ocultarse tras las montañas.


Paisaje tras los túneles.

Otro puente antes de llegar a Lauder.


Y así llegamos; Fundidos. Tras desmontar de la bici en la misma antigua escuela del mini pueblo. (Unas 7 casas, un pequeño motel y la antigua escuela, hoy reconvertida en una preciosa "casa rural" manteniendo algún que otro elemento de su antiguo uso.


Como de postal. Así era la escuela.


Nos recibieron de la mejor manera Bruce y Esmé, sus dueños. Incluso nos dieron la mejor habitación que tenían, por ser los únicos huéspedes y los primeros de la temporada, según nos dijeron.

Tras una increíble ducha, nos esperaba Bruce en el hotel de enfrente para cenar. Enorme y riquísima hamburguesa que nos metimos entre pecho y espalda. Allí fue donde nos pusieron al dia en cuanto al pueblo (7 habitantes), y aprendimos algo de la historia de la escuela, el tren y el camino que hacíamos.
Según terminó de cenar, nos dijo que nos esperaba en la escuela, con la chimenea encendida y los ukeleles para tocar. (?)
Pues sí, tocando la guitarra y dándome unas clases de ukelele frente a la chimenea. Así pasamos un buenísimo rato antes de irnos, fundidos a la cama.




Al día siguiente nos esperaban los últimos 48 km hasta el pueblo de Clyde; Final del recorrido.



Mas fotos de esta etapa...




Fotos: Julen Esnal