martes, 3 de junio de 2014

NZ. Otago Central Railway Trail (Parte III).


No queríamos levantarnos de la acogedora cama de la antigua escuela de Lauder.
No solo por lo fundidos que estábamos, sino por el frío que hacia en la habitación, y lo caliente que se estaba en la cama. Pero tras un buen desayuno preparado por Bruce, nos dispusimos a seguir.

Nos costó mucho volver a pedalear por las agujetas que teníamos, pero después de una ligera, aunque larga subida, el terreno empezó a ser verdaderamente en bajada.
Algo que agradecimos considerablemente.
Lo bueno es que los paisajes seguían siendo igual o mas bonitos. Con lagos y un montón de granjas de ovejas, ciervos, vacas, caballos e incluso llamas.







Unas 3 horas son las que tardaríamos hasta el pueblo de Alexandra. (Penúltimo pueblo antes de llegar a Clyde).
Aquí decidimos parar a comer, más que nada porque ya no podíamos más.
Ya sólo quedaban 8 km. hasta el final, que de no ser por el pinchazo que tuvo Sabri a un par de kms antes de la llegada hubiéramos llegado antes.


Por fin en la estación de Clyde tras 150 km. de recorrido.


Aun andando, no dejamos de ir hasta la antigua estación de Clyde para poner nuestro ultimo sello en el mapa del trazado.
Por cierto, bonito pueblo el de Clyde, que no pudimos ver del todo porque teníamos ya reservado el transporte que nos llevaría de vuelta a Dunedin. (Y al que por cierto llegamos justo para cogerlo, con esto del pinchazo...Y es el único, así que si lo pierdes, debes hacer noche allí porque no hay otro hasta el día suguiente!..)

Ya en la furgoneta, preciosa carretera llena de lagos valles y montañas la que vimos yendo hacia Dunedin... o por lo menos lo que pudimos ver, antes de caer literalmente rendidos hasta llegar a nuestro destino.

Ya allí, tuvimos que cambiar de hostel, porque no había mas espacio... Cosa que agradecimos enormemente después de que Sabri se topara con un lindo roedor por el fregadero de la cocina...
Mucho mejor el que encontramos, el central backpacker, donde nos quedamos un par de días descansando y conociendo algo más esta ciudad.

Alquilamos un coche, con el que pudimos descubrir sus colinas, con preciosas vistas de la ciudad y recorrernos su bonita costa.
Y debo decir que me acabe llevando una mejor impresión de la que me había dado al principio esta ciudad de Dunedin.

Ahí dejo unas fotos de sus alrededores.






Fotos: Julen Esnal
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