martes, 6 de enero de 2015

De ruta por el Altiplano Boliviano. Parte II


Nuestra primera noche en el Altiplano la pasamos con una ligera presión en la cabeza, despertándonos cada cierto tiempo. (Parecía imposible poder dormir durante más de 2 horas seguidas). Situación bastante común cuando se está por encima de los 3500 msnm; Acompañados casi siempre de sueños muy raros tal y como nos ocurrió aquella noche.

Nos despertamos definitivamente a las 6 de la mañana para tomar un desayuno rápido y poder continuar viaje.
Aun nos quedaban 2 días más de trayecto por estos insospechados parajes que ofrece el altiplano.

La primera parada la haríamos después de una hora de viaje a través de un inmenso paisaje desértico lleno de grandes esplanadas con miles de marcas de neumáticos hacia todas direcciones pero ningún camino "oficial"; Rodeado de múltiples montañas con colores que no dejaban de difuminarse en unas y otras.

Kms y kms de esplanadas desérticas.


Allí, en medio de una de esas inmensas esplanadas, se encontraba el conocido como árbol de piedra.
Rodeado de unas cuantas rocas más, como si de setas se tratase en medio de un bosque sin árboles.
Observando durante un rato esta estampa surrealista, era como estar dentro de un cuadro de Dalí por un momento.


El famoso árbol de piedra estilo daliliano.

Baños en.... alguna parte.


Continuamos viaje dejando nuestras propias huellas, haciendo nuestro propio camino, nuevamente por enormes espacios vacios, salpicado de vez en cuando por alguna que otra laguna, donde se nos recordaba que aun queda vida animal a estas altitudes. Flamencos, vicuñas, y hasta un pequeño zorro llegamos a ver... Lo triste fue que si lo vimos es porque está demasiado acostumbrado a recibir comida de los humanos para comer. (Siendo el propio guia quien cometía tan estúpida actuación y sin dejar de hacerlo aun con lo que le recriminábamos por ello).


Todos los caminos conducen a Uyuni.

A veces la vida animal se ve fuera de la laguna.

Habitantes alrededor de la laguna.

Otras lagunas repletas de flamencos.

Y otros habitantes merodeando.

Tiempo para observar.


Bajamos por debajo de los 3000 metros en dónde ya divisábamos llamas pastando en verdes prados. Paramos a comer en Alota, un pueblo desolado, litelamente en medio de la nada.
Llegamos a una casa donde aparentemente servía como restaurante por las mesas que aun habia sin recoger. El aspecto parecia bastante dejado y el servicio (una cholita de mal humor... mas o menos como nuestro guía-conductor dejaba bastante que desear. Más o menos como la comida que nos sirvieron. Sopa de Quinua, muy buena y casera; y carne de llama con patatas y arroz. Pobre en cantidad y seca.  Acompañado de algunos fritos congelados que ni probamos y que no pegaban ahi para nada.

Como teníamos aun tiempo muerto tras la comida, decidimos darnos una vuelta por el desolado pueblo, coincidiendo casualmente con la llegada de un bus escolar llegado de "quien sabe donde" con los pocos niños que aun viven en el pueblo. En cuanto se dispersaron de camino a sus casas, no vimos más vida por aquel pueblo. El resto eran calles solitarias con paredes de adobe.


Llamas a menos altitud

Pueblo de Alota


La siguiente parada la hicimos en un pueblo aun más deshabitado si cabe. Julaca. Famoso en el pasado por su fábrica de cal (abandonada ya), y el paso incesante de trenes cargados de minerales con destino a los puertos del Pacífico, hoy es un pueblo aparentemente muerto. Con la mitad de casas de adobe derruidas y unos vagones  de tren barados en medio del desierto daban un aspecto de lo más triste y terrorífico. Paseando por allí se puede ver elementos que se utilizaban para los trenes de vapor y que hoy son reliquias del pasado. Maquinaria de hace dos siglos por lo menos.



Pueblo de Julaca con sus trenes abandonados.

Aquí tienen la suerte de tener colegio, aunque sean unos pocos.


Desde allí, nos separaban menos de dos horas hasta Puerto Chuvica, pueblo dónde pararíamos a dormir, a escasos metros de dónde empieza el famoso Salar de Uyuni.
Llegamos a buena hora (17;00) para poder darnos una vuelta por el pequeño pueblo y ver caer el sol desde el pequeño campanario de la iglesia del pueblo.

Hoy tendríamos la suerte de poder dormir en un "hotel" exclusivamente hecho con sal. Desde el suelo (siendo como de arena de playa, pero con sal gorda), hasta las paredes, mesas, sillas o camas (excepto los colchones claro) todo, hecho de sal. Eso sí, 6/8 camas en cada habitación y un baño... para todo el hotel (!) (Y no penseis que era un lujo, porque no tenía ni agua caliente la ducha).

Lo bueno fue disfrutar de la riquisima comida que nos pusieron. Sopa casera y pollo a la mostaza de segundo. Acompañado con pan recién horneado el cual acabábamos de ver cómo lo hacían las mujeres en la casa/horno contiguo a al hotel.


Al día siguiente veríamos por fin ante nuestros ojos, amanecer en el mismo salar de Uyuni.


Más fotos de la jornada:




















Fotos: Julen Esnal


De Ruta por el altiplano Boliviano (I)
De Ruta por el altiplano Boliviano (III)