domingo, 19 de enero de 2014

Vang Vieng y nuestro voluntariado (II)


La segunda semana empezamos aun con mas ganas si cabe, especialmente con las tareas del colegio. Empezábamos a conocernos entre todos (alumnos y profesores) y teníamos las clases bastante encauzadas.
Al irse Mike, el americano, nos repartimos sus clases entre Sabri y yo, por lo que teníamos dos clases cada uno de mayor y menor nivel. Y nuestro nuevo compi, Will, quedándose con la clase de los mas peques y echándonos una mano en alguna de nuestras clases.
Era un gusto dar clase a los mayores por el interés que prestaban.
Y lo mejor, que empezábamos a ver a los niños con mucho animo de aprender, mas que los primeros días, que finalizaba la hora de clase y nadie se levantaba de sus silla.
En esta segunda semana se me ocurrió prepararles un examen con la gramática que vimos la anterior semana.
No recordaba el efecto que producía en los alumnos la palabra "examen"!. De repente todos se callaron y empezaban realmente a preocuparse. Bueno, pues fue una de las maneras que mejor me funcionó para que aprendieran, porque por una parte veía realmente qué nivel tenia cada uno, y por otra lo corregiamos todos juntos al final y lo aprendían mucho mejor.

Dando clase a los pequenos.

Sabri con su clase de los de menor nivel. HTC camera.


Lo único menos bueno, era que las tormentas que de por si había todos los días, ahora nos estaban tocando justo al ir y volver de clase, y cuando ahí llueve, llueve a cantaros (especialmente en estos meses de monzón, Julio).
Era gracioso vernos llegar a la escuela tan calados. Todos nos reíamos viéndonos con esas pintas, como recién salidos de la piscina con ropa puesta.
Al final cuanto menos ropa tuvieras, mejor, ya que tardabas menos en secarte. Yo acababa dando las clases descalzo.
Pero aun así, seguíamos con ganas de ir, porque sabíamos que allí iban a estar los niños esperándonos. Hiciera el tiempo que hiciera.

Lo que fue duro fue empezar en la granja con las agujetas y el cansancio acumulado que teníamos tras el fin de semana. Pero seguíamos aprendiendo cosas. Entre otras cosas, sobre cómo se hace el compost, qué buen sistema tienen, y como ésto, sirve después como alimento para las gallinas, las cuales a su vez, nos están dando los huevos que recogemos todas las mañanas. Todo esta enlazado. Todo un circulo.
Además, aprendimos a cómo ordeñar a las cabras (algo que se le daba estupendamente a Sabri), a darlas de comer, (al igual que a los cerdos), hacer queso de cabra, etc etc.

Con Shai, preparando el queso de cabra.

Shai con los gusanos del compost.

Sabri ordenando a las cabras.

Una de las tantas cabritas.


En cuanto al resto... mucho relax. Eso es lo que se respiraba en la granja. No había prisa para nada. Es como si el tiempo se detuviera. Lo malo es que no era así....
La mayor parte del tiempo la pasábamos en la terraza / restaurante hablando con el resto de voluntarios, nuestros compis de granja, o los poco clientes que había, esperando, muchas de las veces, la esperadisima comida. (Os he dicho ya lo bueno que estaba aquí todo?) Todavía se me cae la baba al recordarlo...


Pollo satai, una de las especialidades. Foto:  Organic Farm.

Durante un tiempo fue como estar en familia, con la relación que íbamos teniendo con los compis y el servicio que trabajaba allí.

En el transcurso de una semana, habíamos pasado de ser unos completos inútiles en la granja, a hacer hasta de guías a los turistas que por allí pasaban a probar la comida y de paso se interesaban por nuestro voluntariado o lo que allí hacíamos.


Nuestros nuevos amigos, Marlisa y Alfred


Fotos: Julen Esnal
Foto de portada, parte de la granja organica.
Aqui os dejo los enlaces tanto de la granja, como de la organizacion EEFA.

Ir a Vang Vieng y nuestro voluntariado (I).
Ir a Vang Vieng y nuestro voluntariado (III).