viernes, 3 de enero de 2014

De Phonm Pehn (Camboya) a Vientiane (Laos).



Mucha distancia es lo que separa una capital de otra.
Habíamos concretado un día exacto de llegada (el 1 de Julio), a la organización donde íbamos a prestar nuestro voluntariado en nuestras 3 siguientes semanas, por lo que tuvimos que coger un vuelo de bajo coste para poder llegar a tiempo.

Viajamos bien y rápido, pero seguimos prefiriendo el modo terrestre, porque aunque mas pesado en algunos momentos, primero, se contamina menos, y segundo, vas viendo los cambios de paisajes, especialmente cuando se pasa de un país a otro.

Y así fue, porque, aunque de una manera mucho mas rápida, nada mas salir del aeropuerto de Vientiane, vimos una capital, en principio, mucho mas limpia y ordenada que su vecina Phonm Pehn.

Esta vez no reservamos alojamiento, y fuimos un poco a la aventura. No encontramos hueco en el primer hostel donde fuimos, pero la zona en la que estábamos estaba llena de hostels y hoteles, por lo que encontramos alojamiento justo en el hostel de al lado. Básico como siempre, pero cerca del mercado nocturno y el río Meckong.
Lo malo fue, que con el chaparrón de agua que cayo, (típico monzón del momento), apenas pudimos salir del hostel hasta que empezó a escampar.
Aunque puedo decir que pocas veces he disfrutado tanto de que lloviera de tal manera, cuando por la tele del hostel, veo que acababa de empezar el Gran Premio de Assen del mundial de MotoGP. (29 de Junio). Solo había una manera de mejorar la situación; Abriendo una botella de Beer Lao de mas de medio litro que había en un frigorífico justo en frente de la tele... Y ya si Marquez no se hubiera dejado arrebatar la primera posición, por un inesperado Rossi al final de la carrera, ya hubiera sido la ....
... (Estos son los pequeños momentos que uno añora cuando se esta de viaje) ...

En cuanto terminó la carrera y dejo de llover, salimos a dar una vuelta, pero no se veía nada de ambiente, por lo que compramos algo para desayunar para el día siguiente y volvimos al hostel. Eso es principalmente lo único que vimos de Vientiane.
Al día siguiente reservamos con nuestro hostel, un bus que nos llevaría directamente a Vang Vieng, (el pueblo donde se encontraba la granja orgánica donde nos hospedariamos), a cuatro horas al norte de la capital.
Ahí es donde nos empezamos a dar cuenta de los bonitos paisajes de Laos y lo diferente en cuanto a basura con respecto a su vecina Camboya.


El pueblo de Vang Vieng.

Pero fue llegar al pequeño pueblo de Vang Vieng, y ver lo preparado que lo tienen para los jóvenes turistas.
Una calle principal, llena de hostels y restaurantes, con televisiones de plasma emitiendo series americanas, en una especie de terrazas para sentarse de rodillas rodeados de cojines... "Resultado: cultura americana 9 - cultura laosiana 1"... buen balance diría yo...
Un pequeño bajón nos dio al ver todo ese escenario en el pueblo donde pasaríamos el resto de nuestro voluntariado. Afortunadamente, nuestro alojamiento en la granja orgánica, se encontraba a otros 4 km al norte del pueblo.
Alrededores de la granja.

Según llegamos con el tuk tuk, nos dimos cuenta de la diferencia. Un lugar aislado, en un entorno precioso, pegado a un río, rodeado de puntiagudas montañas llenas de frondosa vegetación... y... nadie a quien dirigirnos... No se veía un alma. Estaba como vacío.
Nos acercamos a recepción donde de repente apareció una mujer a la que comentamos, veníamos por el tema del voluntariado.
La mujer frunció el ceño... Nosotros nos intercambiamos la mirada...
Comentamos el hecho de que habíamos contactado con una persona previamente por el tema del voluntariado y el hospedaje en la granja.
La mujer no levantaba la vista y rebuscaba entre un montón de hojas, por algún dato, supongo, que le facilitara la información que le dábamos.
Pero la mujer seguía con el ceño fruncido; como estresada.
Nosotros volvimos a mirarnos y ver que algo no andaba bien. Todo esto nos producía una sensación extraña.
_ ¿Hay algún problema con la reserva?, ¿No le han comentado nada?, preguntamos ya algo nerviosos.
Pensar en la posibilidad que nadie nos hubiera arreglado tanto nuestra estancia como nuestro tiempo de voluntariado en las siguientes 3 semanas nos produjo un pequeño escalofrío pensar en la posibilidad de tener que reorganizar nuestro ya apretado itinerario.

Finalmente la mujer nos pregunto, qué tipo de alojamiento queríamos para zanjar el tema.
_Nos puedes enseñar lo que tienes?, comentamos ya molestos.
Todo estaba yendo muy raro y empezábamos a tener una sensación de malestar pensando cómo serian el resto de los días.

Tras pasar el muerto a otra chiquita que se encontraba en la cocina, fuimos a conocer las diferentes habitaciones (cabañas) que tenia repartidas y salteadas por toda la granja.
Cabañas básicas, hechas de madera, un tanto dejadas y... seguíamos sin ver a nadie al rededor...
_ "Donde nos hemos metido, pensábamos cada uno interiormente..."

Elegimos finalmente una cabaña sustentada sobre unos troncos de madera, a unos 3 metros sobre un pequeño riachuelo que cruzaba la granja.
Entre las ranuras de los tablones que teníamos bajo nuestros pies dentro de la habitación, se podía ver el suelo a unos 3 metros de distancia.

Nuestra cabana vista desde fuera, con el rio al fondo.

Vistas desde la habitacion.

Una cama de matrimonio con una enorme mosquitera algo deteriorada, una pequeña mesa frente a una de las paredes de madera y una bombilla encima (sin mampara) que apenas iluminaba. Pero sobretodo lo elegimos porque tenia baño dentro de la habitación (que por cierto, compartía techo con la cabaña adosada) y no teníamos que salir de la habitación para ir al baño a otra cabaña, como pasaba en otras cabañas. Eso si, ducha de agua fría nada mas.
Ahora era cuestión de negociar el precio con la mujer de recepción, ya que estaríamos una temporadita instalados.
Afortunadamente acepto por el hecho de que íbamos a estar allí como voluntarios.

A partir de aquí, la cosa empezó a cambiar algo.
La mujer de recepción, Keo, se relajó, y llamó a la persona responsable que llevaba el tema de la escuela donde enseñaríamos ingles. (Osea que no tienen nada que ver uno con otro?, pensamos...).
Estaba todo como muy desorganizado y desatendido, esa fue la sensación que nos daba.

Quedamos con el responsable del voluntariado a la mañana siguiente para que nos explicara todo.
Mientras tanto Keo, nos comento la posibilidad de ayudar en la granja por las mañanas, unas 3 horas aprox. desde las 6,30...
_ Sí, porque no? Nos dijimos... Hemos venido a aprender no?
Así que decidimos recorrer la granja para hacernos una idea de como era todo.... aunque como nadie de la granja vino acompañarnos, apenas vimos lo que tenían.

Tras una tarde de acoplamiento en nuestra cabaña y al nuevo entorno, lo mejor de todo estaba a punto de llegar cuando decidimos sentarnos a cenar.
La amiga que nos recomendó la granja, ya me hablo de la estupenda comida que aquí tendríamos, pero creo que ninguno de los dos nos imaginábamos algo como aquello. Cada día que probaba un plato nuevo, estaba aun mejor que el día anterior.
Todo fresco, la mayoría de los productos recogidos en la propia granja. Algunos de ellos, como los aguacates, en el mismo día.
Todavía se me cae la baba al pensar en todos los platos que probé...
Tras la cena fue cuando apareció Mike. Un americano delgadito, con gafas y una considerable barba.
Fue Keo quien nos presentó, y quien le puso en antecedentes a Mike, diciéndole que veníamos por lo del voluntariado.
_ Sabri y yo nos volvimos a mirar extrañados, tras ver la cara de sorpresa del americano.

Fue entonces, cuando nos quedamos a solas con él, cuando me aventuré a preguntarle si de verdad no le habían comentado nada sobre nuestra llegada.
No solo eso, sino que según íbamos hablando, era él,quien nos fue poniendo en antecedentes con todo.
Al parecer, hasta hacia relativamente poco tiempo, había una persona trabajando en la oficina de administración de la granja, quien se ocupaba del tema del voluntariado, (la persona con quien habíamos contactado por e-mail en varias ocasiones), pero como de repente, esta persona... dejo de venir... nunca lo supimos con claridad.
En su momento, el dueño o fundador de la fundación, (un belga), se asocio con el dueño de la granja, pero por algún motivo, la cosa dejo de funcionar y ... digamos, quedaron muchas cosas pendientes en el aire...
Al final, los peor parados, los niños que no tienen nada que ver.

Mike nos comento, que desde su llegada, (hacia menos de una semana), fue él mismo quien se tuvo que buscar todo, ya que no había nadie expresamente encargado en el tema de la fundación. Bueno si, un tal Bob, al que conoceríamos al día siguiente (dueño de otra granja orgánica) y quien nos daría, muy por encima, unos cuantos consejos y breves directrices para poder empezar con el voluntariado.
Tal y como veíamos, íbamos a tener manga ancha para poder hacer lo que mejor creyéramos conveniente, ya que nadie estaba siguiendo una clara directriz.

Por un lado, habría que averiguar el nivel que tenían los niños, ya que al no haber ningún registro de lo que se estaba haciendo, deberíamos ser nosotros quienes "continuáramos" con su nivel. Pero por otro lado, tendríamos la libertad de poder llevar la clase a nuestra manera...

Con tan solo unos días como voluntario, Mike se había convertido en el mas "veterano" en el tema del voluntariado, así como la persona que "pondría un poco de orden" en este sentido.
Fue allí cuando nos comento que hasta el momento, era él el único voluntario, quedando un montón de niños sin clase. Deberíamos coordinar con él, cómo hacer el resto de semanas que estaríamos nosotros como voluntarios.
... Duro trabajo nos quedaría...

Pero como nos decía nuestro nuevo compañero, él venia a dar lo mejor de sí, y se olvidaría de todo lo que estaba ocurriendo al rededor ... Y tenia razón; Respiramos profundamente y así haríamos nosotros también.

Estábamos "listos" para afrontar lo que se nos avecinara al día siguiente.

Sabri en la puerta de la Organic Farm.

Fotos: Julen Esnal