sábado, 21 de septiembre de 2013

Vietnam y su bulliciosa capital, Hanoi.



Que os puedo decir de la primera impresión de la capital vietnamita...
Desde que te deja el autobús en...  una calle perdida a las afueras, con poco al rededor, hasta que llegas al hotel, debieron pasar como 45 min. Menos mal que, aun teniendo taxímetro, acordamos el precio con el taxista (100.000 Dong  = 3,6 €).

Cuanto mas nos acercábamos al centro, mas caótico y ruidoso se hacia. (algo a lo que empezábamos a estar acostumbrados desde que estamos en Asia, aunque siempre chocante en los primeros momentos). Pero fue entrar en el Old Quarter, el barrio donde teníamos nuestro hotel y centro neurálgico de la ciudad, donde se hacia aun mas caótico y agobiante si cabe.




No veías acera por ninguna parte, pero no porque no hubiese, sino porque lo único que veías eran motos, tiendas de todo tipo y gente caminando por la calles, codo a codo con las motos. Y muchos turistas... un momento, turistas! Vaya! Aquí hay turistas! Era algo que apenas vimos en nuestro recorrido por China...

La habitación del hotel era espaciosa aunque sin ventana, pero estaba limpia que es lo importante. Y tele con canales en ingles! Dios! Pensaba ya que todas las televisiones emitían en chino! (La verdad os digo que apenas vemos la tv en este viaje, pero siempre me gusta curiosear qué tienen los canales locales).

Lo que nos llamó la atención en el hotel fue lo extremadamente maja que nos pareció Moon, su dueña. En un principio, mantienes distancias, ya estamos acostumbrados a cambios repentinos donde te la meten doblada, pero no! Os aseguro que es una autentica profesional que lo único que quiere es que te sientas como en tu casa. Y os digo, no se le escapaba una!.
Nos dio toda info para movernos por Ha Noi. Restaurantes locales, monumentos, actividades culturales... todo perfectamente explicado y con mapa... vamos, igualito que en China...

Salimos a dar una vuelta, pero hasta a mi se me hacia incomodo pasear por las calles donde tienes que ir pendiente de todo...

Vendedores ambulantes

Tipica vendedora ambulante

No hay espacio alguno para el peatón. Las aceras están llenas de tiendas con miles de productos colgando a modo de muestrario, ocupando todo el ancho de la acera, y en el suelo, todo tipo de motos aparcadas. En los pequeños huecos de acera que quedan libres, banquetas y mesas enanas junto con una minivitrina, con un fuego al lado donde cocinan, a modo de fast food vietnamita. La limpieza en estos casos no esta del todo asegurada, pero son baratos.
Nosotros optamos por un restaurante local donde hacían noodles con pollo, (bueno, mas que restaurante, era un pequeño local con un puñado de muebles de plástico y una de esas vitrinas de las que os hablaba). Después de convencer a Sabri, entramos y pedimos.... lo único que hacían, noodles con pollo.

Noodles con pollo y una especie de churros.
Debo reconocer que la apariencia del local no era a lo que solemos estar acostumbrados, (especialmente por los al rededores del local, con basura por todas partes) pero la comida estaba buena. Y por 60.000 v, osea unos 3€ los 2!).

Al dia siguiente fue algo distinto, por lo menos para mi. Le empezaba a coger gustillo a la ciudad.
A pesar de invertir muchas horas planeando el resto de días, pudimos recorrernos algo mas el centro y conocer ciertos sitios de interés como el templo del lago, la carcel Hoa Lo, (que por cierto recomiendo para que aprendamos un poco de las atrocidades que hacían los franceses por estos lares), o el mausoleo de Ho Chi Mihn.

Al final del dia cenamos en el quinto piso de un edificio justo en frente del lago, en el mismo centro de la ciudad, donde pudimos ver atónitos el fluir de trafico que tiene esta ciudad. Es increíble ver como no hay mas accidentes y todo fluye de manera sorprendente y sin parar!. Consejo: si queréis cruzar, lo mejor es echarle valor, confiar en los conductores y ver como te van esquivando. El resto, os diria que no hace falta ni mirar a los lados. Llega a ser una experiencia hasta excitante.

En cuanto a su gente, debo decir que a pesar de haber sido invadidos hasta 3 veces, por parte de franceses, japoneses y americanos, no apreciamos ni un atisbo de rencor tal y como habíamos oído. Gente abierta, sonriente y afable fue la tónica general.
El resto de sitios de interés que nos quedaban por ver, los dejaríamos a nuestro regreso de la bahía de Ha Long.



Fotos y video: Julen Esnal