domingo, 17 de mayo de 2015

De trekking por los alrededores de Sucre. (I); Marawa.


Ya teníamos ganas de sudar la camiseta literalmente y pegarnos unos cuantos kilómetros de trekking.
Reservamos la excursión con la empresa Condor Trekkings por ser una empresa sin animo de lucro, ya que parte de los beneficios de la empresa, se destinan a los pueblos y comunidades de los alrededores de Sucre.
Quedamos a las 5 de la mañana en la agencia, para salir prontito y aprovechar bien el día, ya que teníamos alrededor de unos 18 km por delante en esta primera jornada de tres días en tota
Finalmente seriamos un grupo de cinco franceses, una pareja neozelandesa y nosotros, junto con dos guías locales.

Serian las 6 de la mañana cuando ya estábamos todos preparados para salir.
Una micro nos esperaba en la puerta para llevarnos hasta la serranía de Sucre, a unos 35 km. y 3.630 msnm.
Hora y media tardamos en subir hasta la cumbre, ya que la mayoría del tiempo fue por carretera de graba.

Llegamos a la pequeña capilla de Chataquila, (antiguo adoratorio prehispánico), y lugar testigo de hechos históricos, pues allí fue asesinado el líder indígena Tomas Katari, a manos de los colonizadores españoles.

Fue allí donde, tras desayunar y despertarnos de tremendo madrugon, nos presentamos ante el grupo y nos dividimos la comida que cargaríamos y comeríamos durante los dos días siguientes.
Sabri y yo decidimos dejar prácticamente todas nuestras pertenencias en la agencia para cargar lo menos posible. Aun así, no sabemos cómo, nuestras mochilas rondaban los 8 kg. de peso.

A pocos metros de allí dimos con el primero de los atractivos de la excursión; "El camino Inca". Un sendero empedrado de más de 4 km. (Excepto alguna parte muy deteriorada, muy bien conservado en general), construido por antiguos habitantes prehispánicos, por el cual transitaban transportando sus productos en llamas.
Preciosas vistas, que no las únicas que tendríamos, las que se veían desde allí.


Empezando el camino Inca.

Partes preciosas las que tenía el camino.


Tras unas horas de caminata, empezábamos a estar hambrientos y cansados, pero las guías nos animaban a continuar un poco mas, ya que la comida la prepararían en una cascada a lo largo del recorrido. (La altitud no jugaba a nuestro favor y menos cargados como íbamos).
Pocos kilómetros más adelante, y después de una subida a pleno sol, allí de frente nos encontramos con la cascada, en una formación rocosa, cuanto menos curiosa.

El agua del pequeño embalse se veía prácticamente gris, debido a los sedimentos de la roca, pero aun así, la mitad del grupo nos metimos en el agua.
Agua fría en un principio pero perfecta para el momento.

Tras el baño, las dos guías nos habían preparado un picnic estilo vegetariano.
Unas verduras al horno, (lo único previamente preparado), queso, lechuga, espinacas, tomates, pepinos, panes, aguacates... ese seria nuestro menú diario en estos días. Nada de carne.


Lugar curioso, aunque no se aprecia el tamaño de la cascada

Asi era en realidad la cascada.. y el pic-nic.



No tardamos mucho en emprender el viaje, ya que nos quedaban otras casi cuatro horas de caminata, las cuales no se hicieron tan pesadas debido a los impresionantes paisajes que íbamos atravesando, con enormes montañas a nuestro al rededor.


Subiendo con manos y pies en uno de los tramos.

Paisajes realmente hermosos.

La cascada apenas se ve ante tal inmensidad (abajo en el centro).

Y seguiamos subiendo...

... y subiendo...

Y tramos en los que no eran fáciles de atravesar... El algun caso, me atrevería a decir que un tanto arriesgado viendo los metros de caída que había.









Al final de la caminata, sí estábamos reventados. Pero no solo de piernas, sino de espalda, por el peso de las mochilas.

Pero por fin llegamos al pueblo de Maragua, donde dormiríamos la primera noche.
Lo divisamos de lejos, desde una vista que hacía apreciar dónde se encontraba dentro de ese enorme cuadro que teníamos ante nuestros ojos. En el centro del crater nos decian que estaba. Pero era un cráter ficticio (geológico) ya que se había demostrado que no había ningún volcán debajo, sino la simple, pero enorme figura redonda que habían credo el choque de dos enormes placas tectónicas muchísimo tiempo atrás.


Puerta de entrada a la aldea con la formación rocosa al fondo.

Aldea de casas esparcidas con el "crater" rodeando al fondo.



Según nos íbamos acercando al pueblo, nos iban "asaltando" pequeños grupos de niños. Ellos con fósiles marinos encontrados por los alrededores, y ellas vendiendo bonitas pulseras de lana hechas a mano. Algunas siguiendo el modelo que tan famoso a hecho a estos pueblos de la comarca y las etnias Jalq´a. Representando figuras de animales, tan solo combinando los colores negro y rojo.

Por fin llegamos al pueblo, a eso de las 5 de la tarde. Sin duda parecía mas grande o expandido de lo que veíamos de lejos.
Nos paramos en una... "tienda" a comprar agua para el día siguiente.
La tienda en realidad, era una casa de adobe de una familia del pueblo. 
Entramos, y nos dimos cuenta de lo precario que viven por estos lares. Con suelo de arena o cocina de adobe.
En esa "habitación" vimos también uno de los famosos telares que la mujer iba haciendo poco a poco y que son tan típicos de la zona. Hasta un año pueden demorarse en terminarlo, con un tamaño de un metro de largo y 60 cm de ancho aproximadamente.


La única tienda de la aldea.

Modo de realización de un telar.


Fuera de la casa se encontraba un grupo de hombres que durante un momento me cogieron por banda sorprendidos por mi abultada barba. Así uno de ellos me cogía la mano para que tocase su cara con, literalmente cuatro pelos de barba y queriendo tocar la mía, supongo para cerciorarse que no era de pega.
Al cabo de un rato me di cuenta que no me enteraba de nada de lo que me decían, y no sólo era porque me hablaban en Quechua, sino porque llevaban una buena base de alcohol en vena que hacía que les costara mantenerse en pie.

La sorpresa de la jornada la tuvimos cuando llegamos a nuestra posada. Se suponía que dormiriamos el grupo entero compartiendo techo pero en vez de eso, nos encontramos con varias cabañas, entre ellas, una para dos personas que afortunadamente nos tocó tras un inesperado sorteo allí mismo.



Buena sorpresa tras una dura jornada.

Cocina de barro y hasta con agua de grifo!

Salón con decoración original.

Todos los muebles hechos a mano.

Salón con chimenea.


Y tras una rica cena casera de Quinua y verduras, sólo quedaba una buena sobremesa con música de ukelele... como no, de parte de nuestro compañero kiwi para terminar tan bonita jornada.


Las guias preparando la cena.

Deliciosa cena casera.


Más fotos de la jornada:
















Enanos ante la impresionante montaña.

Fotos: Julen Esnal

Continúa en:
De trekking por los alrededores de Sucre. (II); Potolo.