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sábado, 8 de marzo de 2014

De Vangvieng (Laos) a Chiang Mai (Tailandia). De la granja a la ciudad.


Unas 20 horas aproximadamente fue el tiempo que nos llevo desplazarnos desde nuestra apacible granja de Vang Vieng, (Laos), hasta la ciudad d Chiang Mai. (Tailandia).

Fueron 4 horas hasta la capital de Laos, volviendo a ver paisajes maravillosos.
Nada mas llegar a Vientiane y dejarnos el bus en un cruce de calles, estuvimos un rato sin saber qué hacer, ya que sabíamos que teníamos que cambiar de bus, pero no sabíamos ni cómo ni cuándo ni dónde, porque nadie nos decía nada.
Era bastante confuso, porque cuando nos vendieron el billete, nos dijeron que nuestra agencia nos vendría a buscar, y allí no había mas que taxis, que por supuesto, se ofrecían a llevarnos a cualquier lado.

Finalmente preguntando y preguntando, alguien nos dijo que esperasemos en ese mismo lugar, porque en un par de horas, la agencia se pasaría a recogernos... Bueno, en esos momentos debes de confiar, porque no te queda mucho mas... así que buscamos un sitio bien cerca para comer y protegernos del intenso sol y bochorno que hacia a esas horas del medio día.

Efectivamente, dos horas mas tarde, un tuk-tuk/camión de la empresa vino para recogernos, pero para llevarnos a la oficina de la agencia, donde tuvimos que esperar hora y media más. Allí por encima, nos enteramos que el bus que teníamos contratado, se había cancelado, por lo que nos ofrecían cambiarnos a otro, devolviéndonos la diferencia ya que éste ultimo no era asiento-cama sino normal.
Debo decir que hasta nos vino bien, porque no es que lleguen a ser mucho mas cómodos los asiento-cama, y por otro lado aprovechamos a que nos devolvieran la diferencia en baths, (la moneda local Tailandesa) para así tener algo de dinero local y no tener que depender de cajero, y menos con todo el equipaje encima.

Por fin salimos de la agencia, de nuevo en tuk-tuk/camión, para llevarnos a la estación, desde donde cogimos un autobús, el cual nos llevó hasta la frontera donde, como siempre, tuvimos que bajarnos con todo el equipaje, esperar a sellar el pasaporte y vuelta al bus. En algun momento, debíamos bajar de nuevo en algún punto para tener el sello de entrada en Tailandia, pero no lo hicimos hasta pasar el puente de "la amistad y hacer otros 60 km mas!, concretamente en Nongkhai, donde se encontraba la aduana de dicho país, y donde por fin, nos sellaron el pasaporte con el sello de entrada.
Pero no fue tan rápido como hubiéramos querido, y acabamos demorando hora y media hasta que volvimos a re-emprender viaje. Concretamente a las 8:00 pm salimos con destino a Chang Mai, llegando a la ciudad a las 7 en punto de la mañana.

Tuk tuk por el centro de Chiang Mai.

Nada mas llegar al hostel que habíamos reservado con anterioridad, vimos que estaba cerrado, pero cerrado de persiana de metal hasta abajo, detalle que nos asusto ya que parecía como si no estuviera ni siquiera en funcionamiento.
Al no poder esperar allí mismo a que abriesen (si es que estaba funcionando como tal, porque mas bien parecía un garaje desde fuera...), le pedimos al "tuktukero" que nos dejara en algún sitio cercano que estuviera abierto a esas horas, para poder comer algo y usar el baño... Nos dejo en un mercado cercano que empezaba abrir poco a poco, pero no era precisamente lo que estábamos buscando...
De todos modos, se nos paso el tiempo allí hasta que decidimos volver al hostel para ver si estaba ya abierto, o se había convertido definitivamente en un taller de reparación de coches...


Fotos: Julen Esnal
Portada: Pasaporte con sellos de Camboya, Laos y Tailandia


sábado, 15 de febrero de 2014

Voluntariado en Vang Vieng (III). Ultima parte.


Después de pasar un buen, aunque corto fin de semana en Luang Prabang, volvimos a Vang Vieng el lunes para finalizar nuestras tres semanas de voluntariado.
La pena fue, que con el percance de la tarjeta en dicha ciudad, nos perdimos el primer día de la semana para dar clase, quedando tan solo 3 días mas para finalizar nuestro voluntariado como profesores.

Empezamos pues el Martes nuestra semana en la granja de la mejor manera, ya que vimos a los nuevos integrantes de la familia de animales. Nueve lindos cerditos que acababan de nacer hacia tan solo una hora. La madre todavía tenia la placenta colgando.
Me pude quedar horas mirando a los pequeños... entre otras cosas, porque hasta en tres ocasiones tuve que coger a alguno de ellos porque se caían de entre los pequeños agujeros del establo y llegaban hasta el desagüe.
No faltamos ninguno de los días que nos quedaban en la granja para ver como progresaban los cerditos.


Cuantas fotos como esta pude hacer... 


En cuanto al resto, seguíamos ayudando y aprendiendo. También en tareas mas monótonas como quitar las malas hiervas de las plantas de Mulberry, con las que se hace su famoso té. (Aquí afortunadamente no saben o no quieren oír hablar de Monsanto y sus productos).
Incluso pudimos visitar un "Youth Center" muy cerquita de nuestra granja, donde se desarrolla un proyecto con los niños de las aldeas próximas, donde tienen la posibilidad de aprender diferentes tareas, como coser (para luego vender los productos y sacar un dinero), a leer, informática, etc, todo perfectamente coordinado por nuestra  amiga coreana Min Tsun. (Perdona si no estoy poniendo bien tu nombre :(


Min Tsun y su compañero.

Por el resto como siempre, tranquilos y conociendo a mas gente que llegaba a la granja y quería colaborar como voluntarios el resto de su estancia.
Nunca había viajado antes de esta manera, colaborando en proyectos, aunque no fuera por mucho tiempo, y os digo, lo volveré a hacer, ya que es una forma buenisima de estar con gente local y aprender del país o su entorno e implicarte en la evolución de algo.
Simplemente genial.

Nuestro compi de granja, Shai, haciendo un descansito.

Entre los recién llegados, hubo una pareja de uruguayos con los que hicimos muy buenas migas, y con quienes compartimos grandes charlas hablando de nuestras experiencias anteriores. Y nos demostraron lo importante que es salir de la "comodidad" de tu patria, para currar duramente, viajar, aprender y experimentar. Con los veintipocos recién cumplidos, su vida ha dado un giro de 180 grados, sabiendo muy bien lo que quieren y lo que no para su futuro. 

Ellos venían para colaborar en la granja, (cuanto aprendimos con ellos por cierto), pero después de todo lo que les contamos sobre la escuela decidieron echarnos una mano y colaborar como profesores en la clase de los pequeños, tras la marcha de Will.

Yendo a la escuela en bici con el resto de voluntarios.

A pesar de la falta de voluntarios para la escuela, desde que llegamos, siempre pudimos tener todos los niveles cubiertos con algún voluntario. Aunque me gustaría aprovechar desde aquí para animar a todos los que quieran ayudar en este precioso proyecto, y poder seguir ayudando en su educación y por otra parte tener una de las experiencias mas enriquecedoras de vuestras vidas.
(Al final de esta Post, encontrareis los respectivos enlaces por si os pica el gusanillo).

En cuanto a las clases cada vez estaba mas contento, ya que noté una gran mejoría, (especialmente en determinados niños), después del "método examen". Y no solo en algunos de ellos, sino también en mi mismo, que me notaba mas profesional y confiado. 

Competición entre grupos.

Tras una primera parte de la clase haciendo o corrigiendo el "examen", dedicaba una segunda parte a ingeniarme algunos juegos en los que se involucrara toda la clase, y de igual manera, siguieran aprendiendo.
Aquí hice mi segundo descubrimiento como profesor: Enfrentar a niños y niñas como equipos. Esto me demostró que cada vez que competían entre ellos, se involucraran mucho mas y se lo tomaran mas en serio. (Y me refiero curiosamente a la clase de los de menor nivel, ya que no era igual con los alumnos del siguiente nivel, con quienes tenia que hacerlo de otras formas para que se decidieran a participar en las clases). 

Una de las alumnas viendo la clase desde fuera.

Por otra parte era gracioso (y raro a la vez) estar dando clase y ver pasar cualquier tipo de animal por delante del aula, emitiendo por encima algún tipo de sonido.
O que se aprendieran de carrerilla "Can I go to the toilet, please?" si querían salir de clase; Porque hasta que no lo dijeran bien, sabían que no saldrían.
La verdad que a veces era duro, estar dando clase de ingles básico a unos niños, cuando ni yo se lao (su idioma), ni obviamente, ellos tampoco español.
Pero vuelvo a decir, cuando uno quiere expresarse, (mal o bien), pero se hace entender.

Pero todo tiene su final, y ese Jueves era nuestra ultima clase como voluntarios.
Y os puedo asegurar que nos daba muchisima pena dejar tal emocionante experiencia.
Aunque por otro lado nos quedaba mucho viaje y mas experiencias por delante.
Eso si, no nos podíamos ir de allí, sin hacer una foto final de grupo con ambas clases como recuerdo.
Como la que nos hicieron en nuestra cena de despedida en la granja, junto con el dueño de la organic farm, (Mr. T), entregándonos un diploma acreditativo por nuestra participación en el proyecto de la escuela.

Creo que vamos a estar recordando esta experiencia durante mucho tiempo, y no lo digo solo por este blog o las fotos que tome...

Sabri con sus alumnos en la foto de despedida.


Sabri, Mr. T y yo tras la cena de despedida entregándonos el diploma. Foto: Sofia

Aqui os dejo los enlaces tanto de la granja, como de la organizacion EEFA.

Fotos: Julen Esnal
Foto de portada: Matias, Sabri, Mr. T, yo, Sofia y un voluntario americano. (ups, me temo que se me olvido el nombre).




domingo, 19 de enero de 2014

Vang Vieng y nuestro voluntariado (II)


La segunda semana empezamos aun con mas ganas si cabe, especialmente con las tareas del colegio. Empezábamos a conocernos entre todos (alumnos y profesores) y teníamos las clases bastante encauzadas.
Al irse Mike, el americano, nos repartimos sus clases entre Sabri y yo, por lo que teníamos dos clases cada uno de mayor y menor nivel. Y nuestro nuevo compi, Will, quedándose con la clase de los mas peques y echándonos una mano en alguna de nuestras clases.
Era un gusto dar clase a los mayores por el interés que prestaban.
Y lo mejor, que empezábamos a ver a los niños con mucho animo de aprender, mas que los primeros días, que finalizaba la hora de clase y nadie se levantaba de sus silla.
En esta segunda semana se me ocurrió prepararles un examen con la gramática que vimos la anterior semana.
No recordaba el efecto que producía en los alumnos la palabra "examen"!. De repente todos se callaron y empezaban realmente a preocuparse. Bueno, pues fue una de las maneras que mejor me funcionó para que aprendieran, porque por una parte veía realmente qué nivel tenia cada uno, y por otra lo corregiamos todos juntos al final y lo aprendían mucho mejor.

Dando clase a los pequenos.

Sabri con su clase de los de menor nivel. HTC camera.


Lo único menos bueno, era que las tormentas que de por si había todos los días, ahora nos estaban tocando justo al ir y volver de clase, y cuando ahí llueve, llueve a cantaros (especialmente en estos meses de monzón, Julio).
Era gracioso vernos llegar a la escuela tan calados. Todos nos reíamos viéndonos con esas pintas, como recién salidos de la piscina con ropa puesta.
Al final cuanto menos ropa tuvieras, mejor, ya que tardabas menos en secarte. Yo acababa dando las clases descalzo.
Pero aun así, seguíamos con ganas de ir, porque sabíamos que allí iban a estar los niños esperándonos. Hiciera el tiempo que hiciera.

Lo que fue duro fue empezar en la granja con las agujetas y el cansancio acumulado que teníamos tras el fin de semana. Pero seguíamos aprendiendo cosas. Entre otras cosas, sobre cómo se hace el compost, qué buen sistema tienen, y como ésto, sirve después como alimento para las gallinas, las cuales a su vez, nos están dando los huevos que recogemos todas las mañanas. Todo esta enlazado. Todo un circulo.
Además, aprendimos a cómo ordeñar a las cabras (algo que se le daba estupendamente a Sabri), a darlas de comer, (al igual que a los cerdos), hacer queso de cabra, etc etc.

Con Shai, preparando el queso de cabra.

Shai con los gusanos del compost.

Sabri ordenando a las cabras.

Una de las tantas cabritas.


En cuanto al resto... mucho relax. Eso es lo que se respiraba en la granja. No había prisa para nada. Es como si el tiempo se detuviera. Lo malo es que no era así....
La mayor parte del tiempo la pasábamos en la terraza / restaurante hablando con el resto de voluntarios, nuestros compis de granja, o los poco clientes que había, esperando, muchas de las veces, la esperadisima comida. (Os he dicho ya lo bueno que estaba aquí todo?) Todavía se me cae la baba al recordarlo...


Pollo satai, una de las especialidades. Foto:  Organic Farm.

Durante un tiempo fue como estar en familia, con la relación que íbamos teniendo con los compis y el servicio que trabajaba allí.

En el transcurso de una semana, habíamos pasado de ser unos completos inútiles en la granja, a hacer hasta de guías a los turistas que por allí pasaban a probar la comida y de paso se interesaban por nuestro voluntariado o lo que allí hacíamos.


Nuestros nuevos amigos, Marlisa y Alfred


Fotos: Julen Esnal
Foto de portada, parte de la granja organica.
Aqui os dejo los enlaces tanto de la granja, como de la organizacion EEFA.

Ir a Vang Vieng y nuestro voluntariado (I).
Ir a Vang Vieng y nuestro voluntariado (III).




jueves, 16 de enero de 2014

Fin de semana en Vang Vieng (Laos).


Llegado el Viernes y tras trabajar nuestras horas en la granja (lo cual se nos iba dando cada vez mejor y aprendiendo cada vez mas), decidimos ir hacia el pueblo de Vang Vieng para alquilar una moto y conocer mejor sus alrededores. (ya que los viernes no había clase en en la escuela).
Bajamos con Will, un simpático chico británico que llegó a mediados de semana, y que seria un buen remplazo de Mike, (quien nos dejaría tras 2 semanas de voluntariado).

Tal y como vimos el primer día al llegar al pueblo, vimos de nuevo la invasión yankee. Restaurantes estilo chill-out y grupos de jóvenes con camisetas (de BeerLao o Tubing), de tirantes y gafas Ray-Ban multicolores. Ese es el típico perfil que se ve por aquí.
Después de chequear unas cuantos locales de alquiler de motos, cogimos el mas barato y que tuviera las motos en mejor estado. De marca coreana, Kolao, de 100 cc.
Carnet? No saben lo que es eso, (ni quieren), así que no te lo piden. Si la sabes conducir, perfecto; Y sino, te enseñan en... menos de 30 segundos como hicieron con Will. (Hay que decir que eran semiautomáticas, así que no era muy complicado que se dijera).
Fuimos directamente en busca de la bonita cascada que decían, tiene el pueblo, y tras dar con ella, puedo decir que era preciosa. No solo por lo espectacular del entorno, sino además por encontrarnos prácticamente solos disfrutándola. El baño que nos dimos fue espectacular.


Will y Sabri con las motos al llegar a la cascada. 


Sabri y yo en la famosa cascada.

El día solo se podía completar con una bonita celebración en la misma granja, el cumpleaños de Keo. Si, la señora de recepción que tan raro nos miraba el primer día, y quien acabo siendo como una madre para los voluntarios.

Pai, Mike, Shai, Keo, Will y Sabri celebrando el cumple.

El fin de semana no había mas que empezado. El Sábado y el Domingo serian días de descanso. Y de paso para aprovechar a conocer mas, el precioso entorno de Vang Vieng.
Por ello decidimos contratar una excursión con kayaks para poder ver otras zonas, y de paso hacer algo de ejercicio.

Primero empezariamos con una breve caminata por amplios campos de arrozales, y verdes montañas, pasando por pequeñas villas de agricultores, hasta llegar a la famosa cueva "Than Nam". Una cueva que, para poder visitarla, se debe uno subir en unos neumáticos, ya que esta cubierta de agua.
Sujetándonos de una cuerda, y provistos de linternas en la cabeza, nos adentramos unos 500 metros, (con la cabeza casi pegada al techo en muchas ocasiones), hasta que nos dimos la vuelta, (porque la cueva continuaba...) siguiendo la corriente que nos devolvía a la salida.

Arrozales por los que ibamos pasando.

Entrada a la cueva, en fila y agarrados de la cuerda.

Tras curiosa experiencia y un "lunch" estilo barbacoa, nos llevaron a ver una cueva sagrada para los locales, donde se encuentra "la huella de Buda".
A partir de aquí, ya estábamos listos para emprender los 17 km de descenso en kayak hasta el mismo pueblo de Vang Vieng.
En principio no seria una travesía difícil mas que con algún que otro rápido... pero
acabo resultando algo mas complicado de lo esperado.

El primer percance lo tuvimos con un árbol caído en medio del río, que hizo que nos quedáramos de lado hasta terminar volcando.
No había apenas profundidad, pero nada mas volcar, nos miramos con cara de asombro sin poder hacer casi nada a causa de la fuerte corriente.
Yo acabo siendo arrastrado unos metros hacia abajo, sin poder ver a Sabri como estaba, hasta que unos guías la enganchan del salvavidas corriente abajo hasta ponerla a salvo.
Es frustante ver como quieres levantarte y la fuerza del agua no hace mas que impedir moverte, y las rocas del fondo no ayudan precisamente a ponertelo fácil.

Unos haciendo tubbing y otros en kayak.

Kilómetros mas abajo otro kayak viene hacia nosotros justo en uno de los rápidos, haciendo tambalear nuestra embarcación (que sin saberlo, se nos había llenado de agua tras nuestro primer vuelco), volvemos a perder el equilibrio y volcamos de nuevo. Esta vez era algo mas profundo por lo que tan solo con agarrarnos al kayak no hubo mas complicación.

Vang Vieng fue bastante conocido, no hace mucho tiempo, por la "fiesta del tubing", que consistía en bajar el río en neumáticos y enchuzarse lo máximo en cada bar que se encontraba a los lados del río, al ritmo de musica electrónica (y que por cierto eran unos cuantos).
Afortunadamente esa época se ha podido dar por terminada tras numerosas muertes por ahogo y relacionados, por lo que la zona vuelve a recuperar la tranquilidad que le merece con ese entorno.
Nosotros acabamos entrando en uno de esos "bares" para hacer un descanso, cuando quedaban unos 4 km para terminar el recorrido, pero sin musica electrónica ni alcohol de por medio.
La media hora que debimos estar, fue jugando al voley o tumbados en hamacas hasta que re-emprendimos ruta.
Tras 17 km y 2 vuelcos, llegamos a eso de las 4 bastante fundidos, con ganas de una buena ducha y una buena comida en nuestra querida granja, lejos del barullo y el bochorno y humedad de Vang Vieng.

El domingo lo dedicamos a recorrer los alrededores con otra moto que alquilamos por 4 € para todo el día, junto con nuestro compi Will.
Queríamos conocer la otra granja orgánica que dirige el "supervisor" de la nuestra, para ver como trabajan allí.

Locales bañandose en los alrededores de la otra granja.

Los increibles alrededores de Vang Vieng.

La granja esta a unos 7 km del centro hacia el "blue lagoon", lugar bien conocido por los backpackers porque es como un lugar un tanto paradisiaco... o eso es lo que parecía en las fotos.
Llegaríamos como hacia la hora de comer, por lo que aprovechamos para hacerlo.
Debo decir que aunque no pudimos verla del todo ya que era domingo y no había ningún voluntario, no estaba tan bien como la nuestra. Y mucho menos la comida.

Ahí nos volvimos a dar cuenta de la suerte que teníamos al estar en la nuestra, aun con la precariedad de voluntarios que existe en nuestra granja.

Aprovechamos, como no, a ver el famoso "blue lagoon" que se encontraba a pocos kilómetros de allí, pero de "blue" tenia bien poco. Había llovido mucho el día anterior, y eso era un río completamente marrón. Tenia columpios y unos "trampolines" naturales, por lo que es un buen atractivo para muchos turistas.
Y no nos queríamos ir de la zona, sin conocer otra famosa cueva, Than Phu Kham, donde se encuentra el "buda reclinado".
Para los que quieran acceder, aconsejo llevar un buen calzado y una linterna porque de lo contrario no lo vais a disfrutar.
Will iluminando y el Buda al fondo.

Volviendo a la granja alucinando con el entorno de Vang Vieng. Foto: Will Garret.


Fotos: Julen Esnal
Foto de portada: cascada de Vang Vieng.


lunes, 13 de enero de 2014

Vang Vieng y nuestro voluntariado (I)


Eran las 6,30 de la mañana del Lunes 1 de Julio de 2013, cuando ya estábamos preparados para ayudar en la granja.
Tímidamente nos acercamos al lugar donde se encontraban las cabras.
En la parte baja del establo de dos pisos, se encontraba lo que imaginábamos, era el compost.
Allí no había nadie... Nos movimos de un lado a otro... pero sin alejarnos demasiado, no fuera a ser que nos encontrásemos con una "bestia inesperada"... pero por allí seguía sin verse a nadie.
De repente nos apareció un chaval como de unos 14 años y le preguntamos qué podíamos hacer, pero el pobre chico lo único que nos devolvía era una tremenda sonrisa de oreja a oreja.
No tenia apenas nivel de ingles como para explicarnos qué podríamos hacer, pero entre su poco nivel de ingles y con gestos, pudimos entendernos.

La granja con la plantacion de Mulberry. Foto, organic farm.

La tarea de hoy para mi, limpiar el suelo de frutos que caían de los arboles. Y para Sabri, limpiar el suelo de hojas. Y así pasamos las horas...
Afortunadamente, en un momento dado, vimos a Mike, el americano, quien nos explicó como funcionaba todo en la granja y de paso nos presentó a "Shai", el chico con quien habíamos hablado antes; A "Pai” otro niño de 11 años, (ambos trabajan en los meses de verano en la granja para ganarse un dinero y poder ayudar a sus familias), y por ultimo a un hombre mas mayor quien hace las tareas duras... pero este ni papa de ingles, aunque con una sonrisa igual o mayor que la de Shai.

Pai y yo, cortando las hojas para las cabras.


Sabri con Pai y Shai.

Puedo decir que en general, estuvimos bastante perdidos en el tema granja durante toda la semana, aunque empezábamos a pillarle el tranquillo. Como siempre, hay que aplicar uno de mis refranes favoritos, "Donde fueres, haz lo que vieres".... y todo empezaba a fluir.
En cuanto a las clases... bueno, eso si que fue otra historia...

El tal Bob que se presento aquel Lunes a la mañana en la granja, delegó las funciones de organización de las clases a Mike. Y este nos comento cómo estaba el tema por allí. Él tenia dos clases, con 2 niveles diferentes, (de 14 a16; Y de 16 a 18 años), y nos aconsejo coger a los mas pequeños para ver cómo nos des envolviamos.
Mike nos adelanto que eran niños de entre 5 y 13 años, y la gran mayoría no tenían ningún nivel de ingles.
Estábamos impacientes y a la vez nerviosos imaginándonos cómo seria nuestro primer día como profesores...
Bueno, pues os puedo confesar que nuestro primer día fue un autentico desastre... !

La escuela se encuentra a unos 4 km de distancia hacia el Norte, desde la granja.
Fuimos hasta allí en bicis de paseo, medio destartaladas que nos prestaba la granja.
El paseo era genial, porque vas dejando el río y las montañas a la izquierda, (las cuales hacen un paisaje espectacular), y vas pasando por delante de algunas casas o comercios que íbamos viendo a nuestra derecha.

La escuela era lo mas básico que había visto nunca. Afuera, un descampado a la entrada, donde jugaban los niños. Y en cuanto a las aulas, cuatro clases con las paredes y el suelo que se caia a pedazos, con unas pizarras casi blancas de lo usadas que estaban. Los pupitres, como de la epoca de los 50 en Espana (de a dos y de madera), cada uno de un tamano distinto. Y los bancos respectivos que se rompian solo con mirarlos.
Los baños?... Todos los días teníamos un montón de niños que en medio de la clase, y con las manos puestas en plan rezo, nos pedían ir al baño... Un día decidí ver donde estaba el baño... pero allí no había nada mas que un descampado...

Asi es como van ellos a la escuela.

Aspecto de la escuela con las aulas al fondo.

Nos encontramos una clase con cerca de 40 niños con edades comprendidas entre los 5 y los 13, tal y como nos dijo Mike. Pero como os podéis imaginar, era una situación muy difícil de llevar. No podían estar todos juntos con edades tan diversas.
Tan solo fue una hora de clase, pero a nosotros nos parecieron como 3!.
La segunda hora la pasamos en la segunda clase de Mike, con la de los mayores, ayudando como profesores secundarios... menuda diferencia de clase...


Sabri y yo como estudiantes infiltrados en la clase de Mike.

Si queríamos hacer algo de provecho, debíamos hacer algo distinto con los niños... Y así lo hicimos el resto de las semanas. Sabri se quedaría con los mas pequeños (de 5 a 8) y yo con el resto (de 9 a 13).
Tras el reparto, eso ya parecía mas una clase... (bueno, excepto por la pobre Sabri que se las tenia que ingeniar cada día para hacer de madre y profesora a la vez).
Cada día por la mañana, después de nuestras horas de trabajo en la granja, nos metíamos en la oficina y nos estrujabamos los sesos con nuevos juegos y maneras de enseñar cada día algo nuevo, ya que por otra parte empezábamos a saber el nivel que rondaban. Hasta creamos un documento excell donde cada profesor, debería apuntar lo que enseñara, para que los siguientes, supieran donde nos habíamos quedado y no volverles a enseñar lo mismo.
A lo largo de la semana, la cosa empezaba a funcionar de verdad.

Tras las clases, la vuelta a la granja era de lo mas curioso, ya que a las 7,30 pm es de noche y esta completamente oscuro, y aquí no hay farolas en la carretera. Lo que hay son unas grandes zanjas a los lados con las que debíamos tener cuidado. Menos mal que llevábamos unas linternas y hacíamos el camino de la mejor manera.
Yendo en grupo, sin apenas gente por el camino, a oscuras y con el cielo repleto de estrellas, no nos creíamos donde estábamos.



Fotos, Julen Esnal.
Aqui os dejo los enlaces tanto de la granja, como de la organizacion EEFA.

Continua en Vang Vieng y nuestro voluntariado (II).